Democracia y Libertad
<< Democracia y Libertad, Libertad y Democracia, son un par de valores, de principios, indisoluble, inconcluso e imperfecto, que debe ser defendido con uñas y dientes por todos los seres humanos, tanto para sí mismos como para el resto de la humanidad >>
Esta sería mi definición, resultado de mis vivencias y experiencias a lo largo de casi 70 años de vida.
La primera vez que escuché hablar de democracia a mi padre fue allá por finales de 1975, justo al comienzo de la andadura de aquella “libertad”, vigilada y permanentemente cuestionada, con la Constitución tras el fallecimiento, en la cama y sin haber sido juzgado, del pequeño pero sangriento dictador.
Mi padre me dijo:
“la democracia no es buena porque ahora cada uno hace lo que le da la gana”.
Su educación y experiencia vivida, a lo largo de toda la dictadura, habían grabado en su
memoria, carácter y actitud, que sólo podía hacer y decir lo que le daba la gana aquel que era “como Dios manda”.
Él era absolutamente libre de hacer y decir lo que le saliera de allá, defendía su libertad, su “transparencia” y su “sinceridad”, incluso habitualmente de forma beligerante.
Al ser cuestionado por mí en una de sus actuaciones típicas, su invariable respuesta era: “al que le pese, que la tire”.
Una de sus frases preferidas era: “esto lo arreglo yo ‘cagando’ ostias”.
La democracia que tenemos en España es esencialmente buena, pero ni plena ni perfecta ni libre.
Ha sido y es tutelada por todas las fuerzas vivas que siguen mandando y condicionando la vida de cada día.
Esos poderes fácticos que manejaban y manejan todos los resortes que realmente inciden en nuestra vida: económicos, jurídicos, y mediáticos.
Estos tres ámbitos están copados, colonizados por los citados poderes fácticos, aunque no gobiernen, no lo necesitan.
Los poderes económicos condicionan los precios que pagamos por aquello que nosotros mismos contribuimos a fabricar, con unos salarios tan bajos que siempre nos sitúan en servidumbre y agarrados a la zanahoria que nunca alcanzamos como el burro de una noria.
Los poderes jurídicos manejan a su antojo su peculiar y particular interpretación de las leyes, que, curiosamente, sólo se aplican a las personas progresistas y a aquellas de bajo nivel social, de indigencia.
Los mismos hechos tienen diferentes sentencias según quién sea el acusador y el acusado.
A todos los efectos, los jueces que copan las altas instancias, son claramente activistas políticos, ejerciendo un lawfare irredento que, aunque finalmente sea dejado en evidencia por los tribunales europeos, consiguen lo que se proponen: cargarse gobiernos progresistas.
Los poderes mediáticos son la correa de tracción de la ingente cantidad de bulos que crean y manejan con el mismo objetivo que los otros dos poderes citados.
En definitiva, son las tres patas de una misma mesa.
La cuarta sería la política, la de derecha y ultraderecha, que retornan a los otros tres poderes los esfuerzos realizados.
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